Ir a un partido de la Copa del Mundo de 2026 será una experiencia inolvidable, pero también sumamente costosa para los aficionados. La FIFA ha reconfigurado por completo su modelo de negocios para el torneo norteamericano, dejando atrás las estructuras tradicionales de venta y apostando por la digitalización del mercado masivo. El objetivo primordial de la organización es maximizar la rentabilidad de cada asiento disponible en los 16 estadios mundialistas de la región.
Con base en datos proporcionados por Imagen Radio, las proyecciones de recaudación del organismo para 2026 alcanzan los 8,900 millones de dólares, impulsadas fuertemente por los derechos de televisión y el boletaje. El cambio operativo más destacado de esta edición es la implementación del sistema de precios dinámicos para las entradas, un mecanismo que ajusta el valor de los boletos en tiempo real según la demanda y la relevancia del encuentro.
Gracias a esta polémica estrategia, los ingresos exclusivos por concepto de boletaje podrían alcanzar la histórica cifra de 3,000 millones de dólares, lo que equivale a tres veces más de lo obtenido en la edición de Catar 2022. A este rubro se le sumarán los jugosos contratos de derechos de transmisión televisiva que aportarán cerca de 4,000 millones de dólares, complementados por un incremento del 20% en las firmas de nuevos patrocinadores globales.
A pesar de este éxito financiero sin precedentes para la FIFA, los beneficios económicos directos para las selecciones de fútbol que dan vida al torneo lucen un tanto limitados. La bolsa global de premios creció apenas un 15% para situarse en 871 millones de dólares. Con gastos hoteleros y de aviación inflados por las largas distancias entre México, Estados Unidos y Canadá, la rentabilidad de las federaciones dependerá exclusivamente de su rendimiento en la cancha.
Por su parte, el director del Observatorio del Fútbol del CIES, Raffaele Poli, destaca que los beneficios a largo plazo prometidos a las comunidades locales, como la notoriedad de marca y el desarrollo turístico, son difíciles de evaluar con certeza. Mientras metrópolis consolidadas como Nueva York-Nueva Jersey estiman ganancias de 3,300 millones de dólares por sus ocho juegos, otras localidades enfrentan dificultades para llenar su capacidad hotelera inicial.















