La presidenta Claudia Sheinbaum abordó la balacera en Teotihuacán durante su conferencia matutina, buscando calmar las inquietudes internacionales. El evento generó alertas de viaje por parte de Estados Unidos y Canadá, lo que motivó una respuesta rápida por parte del gabinete de seguridad.
Información de El Financiero, la mandataria calificó lo sucedido como un “episodio aislado” que no representa un riesgo sistemático. Para fortalecer esta postura, destacó la llegada de 16 millones de visitantes extranjeros en el primer bimestre del año como prueba de la confianza en el país.
Complementando la estrategia de seguridad, Omar García Harfuch anunció que la Guardia Nacional incrementará su fuerza operativa en Teotihuacán y Chichén Itzá de manera inmediata. El secretario indicó que se busca garantizar un entorno de paz mediante patrullajes preventivos y mayor inteligencia en las zonas circundantes.
García Harfuch fue claro al señalar que se están revisando los protocolos de seguridad privada y pública dentro de los recintos arqueológicos. La intención es cerrar cualquier brecha que permita el ingreso de armas o individuos que pretendan realizar actos violentos similares.
La investigación técnica presentada por el fiscal José Luis Cervantes apoya la idea de que fue un evento atípico. Al identificarse al agresor como un imitador con un perfil psicopático, se reduce la probabilidad de que se trate de una amenaza vinculada al crimen organizado.
Jasso Ramírez, según la reconstrucción, llevó una vida de observación previa en los hoteles aledaños. Su plan fue influenciado por masacres extranjeras, lo cual es un fenómeno poco común en la dinámica de seguridad tradicional del territorio mexicano.
El gobierno federal ha prometido transparencia total en el caso. Mientras el proceso judicial contra el agresor avanza, la administración de Sheinbaum y la Secretaría de Seguridad de García Harfuch trabajan para blindar la imagen de México ante el mundo.














