La administración actual de Pemex admitió que el derrame de crudo que azota al Golfo de México fue causado por una falla interna en su infraestructura. El director Víctor Rodríguez Padilla reconoció que el evento fue detectado desde el 6 de febrero, pero la información le fue negada sistemáticamente por el personal encargado de la zona de Abkatún.
Esta información es una publicación original del periódico El Universal, subrayando la crisis de transparencia que atraviesa la petrolera estatal frente a este desastre ecológico.
En la rueda de prensa, las dependencias federales informaron que la mancha de petróleo ya impactó puntos costeros en Veracruz, Tabasco y Tamaulipas. Se destacó que hubo una “resistencia” extrema por parte de los mandos medios para entregar imágenes satelitales y bitácoras de los movimientos de barcos durante el mes de febrero.
Las versiones iniciales de los hechos, reportadas por organizaciones y el mismo gobierno el 26 de marzo, sugerían que la causa eran emanaciones naturales del lecho marino. Se intentó minimizar el impacto asegurando que se trataba de un evento fuera del control humano, versión que hoy se desplomó frente a los informes científicos.
Un punto crítico revelado fue la contradicción operativa: mientras Pemex negaba la fuga en marzo, desplegaba en secreto una flota de 11 embarcaciones para dispersar el hidrocarburo. Además, se omitió informar sobre la reparación del ducto que duró del 8 al 18 de febrero, operando a escondidas de la dirección general.














